Vuela, vuela Mariposa...

Así terminó el concierto de don Rodolfo Páez, por el que muchos esperaron 6 años. Yo quizá no esperé exactamente esos 6 años, pero las ganas en realidad eran las mismas que cualquiera que siente la música que el rosarino sabe hacer. El concierto, lo disfruté a más no poder, hubo grandiosas emociones a través de él. Pero no quiero adelantarme, porque quiero describir todo. "Todo" quiere decir además de Euforia y felicidad, quizá indignación y rabia, quizá desperación y tiempo. Vengo a hablar de un par de cosas que la tele ni el periódico dijeron, como muchas veces sucede.

Era el jueves 2 de octubre, por la mañana. Mis pasos rondan el pretil de la UCR y recibo un mensaje de un amigo, que me avisa alterado que necesita decirme algo importante. Al reunirme con él, me recibe con la portada de la viva en la nación que mostraba el perfil de Fito y grandes letras blanco y negro que versaban "Viene Fito Páez". Mi reacción no fue otra que un grito que resonó por toda la Escuela de Generales. Al llegar a mi casa, leo el reportaje del evento, y doy cuenta de que nos ofrecerá un concierto acústico, acompañado solo de su piano de cola y un par de guitarras, donde nos traería quizá en su mayoría temas de su último disco, Rodolfo.


Al día siguiente, desesperado, consigo mi entrada con algun dinero prestado y la pongo en el marco de mi espejo. "Fito Páez en concierto/The City Club/Martes 4 de noviembre/8:00pm". Y quizá por acá comienza lo irónico de toda esta cuestión. Yo, realmente, venía muy emocionado por el hecho de poder observar a quizá uno de mis artistas favoritos. Pero me puse a investigar el lugar donde la producción había dispuesto hacer el concierto. The City, llegué a saber, era el bar, en Zapote (lugar muy céntrico cabe resaltar) donde Bajofondo hizo su presentación. Un lugar para estar de pie, brincar, rockear... momento, ¿no era un concierto tranquilo de Fito, su voz y un piano de cola? Bueno, quizá hubo problemas pensé, hubiese sido esto mejor en un teatro, pero no hay problema en verlo de pie. Eso era sólo un leve presentimiento.

Una semana antes del concierto, me doy cuenta por un amigo, y luego confirmo en internet y la televisión, que este fue trasladado a Torre Geko, en el Real Cariari. Vaya que lo movieron bastante. Los artículos aludían que las entradas se estaban acabando y querían satisfacer la demanda, que el nuevo sitio si tendría sillas para todos los espectadores, y que todos tendrían completa visibilidad de la tarima (que falacia jeje). De nuevo, otro lugar que originalmente era un parqueo... nada parecido a lo que se necesitaba para la ocasión.

Pero en fin, llegó el día. Después de una clase en la universidad, partí con unos amigos para llegar al lugar del evento cerca de las 3:45 de la tarde. Revisando la fila que había, parecía una hora razonable para encontrar un buen lugar entre el público. Estimé quizá unas 400 personas por delante mío. Lloviznaba y todo parecía bien. Fui con uno de mis amigos a preguntar solamente si se iban a vender algunas entradas más. Nos recibió un vigilante bastante amargado, que nos envió al 4to piso, donde en realidad no podíamos estar. Nos dijeron que algo más tarde se iban a vender. Por ahí de las 5:00, fuimos a preguntar de nuevo y esta vez una mujer que parecía no saber mucho, nos devolvió un "creo que ya no hay", mientras otra decía "no sé, vaya preguntele a aquel muchacho", al tiempo que señalaba al hombre de rostro contraído de la primera vez. Ya resignados a no conseguir la entrada, fuimos un momento a tomar un café al centro comercial, para volver luego a hacer la fila corriendo, pues nos avisaron que ya estaba avanzando. Al regresar, ¡Sorpresa! una nueva fila se había creado hacia el otro lado del inicio de la fila original, y estaban moviendo la fila completa de un sector a otro, mientras cientos y cientos de personas se colaban en el proceso. Cada vez que se trasladaba un grupo de lado, había que correr para no perder demasiados puestos en ella. Caso indignante, en realidad había solo como 30 funcionarios de camisa amarilla para controlar a "3500" personas o las más que parecíamos. Después de la cambiadera la fila (que usando el sentido común y conociendo a la gente de este país, no tenía que suceder) y toda la gente que pudo adelantarsenos a mi y a mis amigos, tuve que asimilar que por delante mío ya no había 400 ó 500 personas había quizá unas 1 500, o más, no soy bueno calculando multitudes.

Ya luego, después de todo ese alboroto, entramos y ocupamos los lugares que pudimos... ya muy lejos de la tarima por supuesto, pero lo que valía era ver el concierto ahora. Entre el cuchicheo de la multitud, con algunos tipos bastante ebrios y muchas sillas completamente desordenadas, bajaron las luces y el griterío no se hizo esperar. Ingresó el telonero, Esteban Monge. Pero creo que esto lo noté solo visualmente, cuando comenzó a tocar su guitarra, pues el sonido fue el que comenzó a decepcionar. El simple hablar de la gente no dejaba escuchar nada en absoluto, lo que demuestra dos cosas: irrespeto y una producción defectuosa. Se fue Esteban Monge entre ruido y aplausos, y después de una espera corta (e interminable) apareció sin aviso Fito, con un traje entero, flaco, sonriente y esta vez el edificio casi estalla.

Pensamos de nuevo en el sonido cuando comenzó a tocar su piano... era increíble por Dios!!! ¿Cómo es posible que no se diga esto en los medios de más alcance? Es decir, Fito tuvo que pedir silencio porque había un problema con el sonido, en reiteradas veces dijo que mejor "tener esto, que si no hubiera concierto". Puedo decir que lo que estaba en la tarima fue excelente, Fito, su piano, su amigo con sombrero y guitarra, las luces... en fin, ahí arriba estaba todo bien, pero el lugar, el calor de ese parqueo, las filas, las sillas, el ruido, ya no quiero indignarme por recordar todas esas cosas. Pero gracias a Fito, porque me hizo olvidarme de todo eso con su intento por hacer de ese lugar el espacio para un recital de piano, con su particular timbre de voz cantando versiones suaves de sus temas. Gracias por hacerme pensar en personas a quienes amo, por hacernos sentir que la vida tiene más sentidos que dificultades, y que la música está ahí por todo eso y demasiadas cosas más. Gracias por iniciar con Waltz for Marguie, seguir con Si es amor, El cuarto de al lado, She's mine, Eso que llevas ahí, El amor después del amor, por allá llegarnos con Al lado del camino y 11 y 6, y terminar ofreciéndonos su corazón con Mariposa Tecknicolor.

Ahora puedo decir que fui a ver al gran Fito Páez, quien me dejó satisfecho con muchas cosas. Pero también termino diciendo ¿Qué pasa? Qué pasa con los medios que fueron tan complacientes con la producción y no la criticaron, qué pasa con el sentido común de los guardas (vaya que viene a ser cierto que el sentido común es el menos común de los sentidos), qué pasa con la gente que no disfrutó por emborracharse, hablar y no entender lo que era el espectáculo... Quedaron muchas cuentas por saldar, pero se me viene a la cabeza una sola frase de Fito que al menos me consuela: "La próxima vez nos veremos en un teatro". A esperar sentado fumando el humo mientras todo pasa...

2 comentarios:

diego dijo...

bien jupilla! gran manera de comenzar tu blog.. me alegro mucho y ya estare pasando de vez en cuando a saludar :P
digo gran manera, porqe obviamente estuve ahi contigo en ese concierto, y bueno, lamentablemente las canciones del concierto (para mi) no compensaron todo lo negativo qe ya mencionaste.
fue decepcionante ver como se desperdiciaba un artista de la categoria de fito.
como siempre la mediocridad qe existe en costa rica hizo qe en este caso se le diera prioridad a la cantidad sobre la calidad..
yo me sorprendi demasiado donde lei a los 2 dias una reseña en la nacion donde describieron el concierto como "casi perfecto" y no se mencionaron las grandes por menores qe hubieron de por medio.
saludetes!

zoster dijo...

que buena reseña mae. pero también escuché comentarios negativos sobre la actitud de fito, cantándole a la gente que "no jodan" cuando pedían una canción más, callándolos a cada rato de mala manera y con algunos otros comentarios. no importa el lugar, qué tan pésima sea la organización, ni cuan pichudo sea el artista; despreciar a su audiencia es el peor sin sabor que puede dejarle a los fans.

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