Leeme lo que leés

La verdad es que hasta ahora se me ocurre escribir acerca de esto, pero es algo que llevo cerca de 4 ó 5 años notando, y se me vino que podría ser interesante discutir un poco de ello. Recordaba que desde que estaba en 8º hasta 10º, nuestro profesor de Español, que resultó ser el mismo en esos 3 años, procuraba que todos sus estudiantes participaran en un concurso de escritura, en todas las categorías (cuento, ensayo y poema), con el fin de promover la creación de textos. Dejándolo hasta ahí, suena bien, pero a mí me saltó en ese momento la pregunta obvia: '¿Cómo se escribe un cuento? ¿Introducción, desarrollo y conclusión, como en las redacciones de siempre?' ¬¬ Ahora que lo 'analizo', eso lo pensé probablemente porque era poco lo que sabía acerca de escribir, tanto como acerca de leer. ¿Cómo es que un profesor hace que sus alumnos comiencen a crear (suponiendo el buen uso de este término y obviando las copiadas de la mayoría) textos sin siquiera haber sido instruidos en ello, ni haber leído (la gran mayoría de estudiantes) los textos que se habían encomendado anteriormente? Esto, de hecho, nos lleva también al punto del por qué un estudiante no lee los textos que se le encargan, y más ampliamente, por qué el joven costarricense en general, lee muy poco.

"Otros textos"

Pasando entonces por esta pregunta, muchos han dicho que en realidad el joven, no es que no lea, sino que se enfrenta a una serie de textos muy diferentes a los que en épocas pasadas existían. Se alega que el libro no puede tener el valor de antaño, ante las imágenes, los videos, los juegos, la interacción, el Playstation, el Wii, el celular y la internet, que ponen tal cantidad de información a disposición del público que algunos dicen que quizá lo mejor es obtener esa información de maneras más rápidas y efectivas que leyendo. Este planteamiento se suscita erróneo, ante la simple situación de que un SMS no puede sustituir a una novela de García Márquez, por citar un ejemplo que suena incongruente incluso (pero llevándose al extremo
esto es lo que plantean ciertas discusiones). La televisión, se dice, primordialmente, cumplió un papel de desplazamiento de los textos por las imágenes y el sonido, que transcurren a toda velocidad, brindando grandes cantidades de información segundo a segundo; al niño no se le duerme con un cuento, si no con la tele. Algo que también se suele nombrar, es que tampoco es una situación de que el joven haya perdido cualidades como la concentración o la paciencia, necesarias para enfrentarse a textos, pues se puede ver de qué manera estas cualidades se llevan al límite cuando se pasan horas de horas tratando de resolver un acertijo, consiguiendo la puntuación máxima, pasando el juego completo o chateando con alguien. Tampoco es muy leído el periódico, y si se hace, se leen las tiras cómicas, los deportes. En fin, para terminar con esta parte, se van a preguntarle a un chico de colegio de nuestro país por qué motivo no lee, y evidentemente la respuesta más repetida es "pereza". Al parecer no por tener una tasa de alfabetismo tan alta, somos tan lectores.

Revisando... ¿A qué le echamos la culpa?

En lo personal, me tomó llegar hasta 8º año para comenzar a leer con más fuerza, a pesar de que supe leer desde considerablemente temprano en edad. Desde entonces, aunque nunca fui un devorador de libros, tomé libros más allá de los del colegio y estos últimos los traté de entender un poco mejor. Pero esto lo hacía rodeado de compañeros que enganchados a Rincón del Vago y Monografías, simplemente bajaban los resúmenes y con eso sentían que cumplían con su deber. Entonces, retomando el por qué del asunto, se puede ver que la causa debe estar aún antes del colegio. En la escuela, los textos literarios empleados en los últimos grados requieren de un bajo nivel de decodificación, son textos cuyo lector apenas sabiendo leer puede comprenderlos. De ese casi nulo avance en la lectura que se da en esta etapa (donde los niños aún leen los textos) se pasa al colegio, en donde se le bombardea a los estudiantes con textos que requieren de todo un respaldo de lectura. Estos textos son escogidos por especialistas en literatura, que no parecen estar al tanto de que en esas etapas el estudiantado ya no lee, y que para los textos que son puestos a disposición se requiere haberlo hecho, y manejarse un poco mejor en este arte del leer (podemos citar por ejemplo, dar como texto para lectura La Vorágine, ilegible para muchachos de 14 años con poco batallar literario, lo que lleva a la aburrición o ni siquiera intentar leerlo). A esto sumémosle que las preguntas que se hacen como "comprobación de lectura" son del tipo "¿Qué había en el yelmo de don Quijote cuando pensaba que se le escurrían los sesos?" o "¿Cuántos cigarros fumaba al día el protagonista?". Está claro que este tipo de preguntas no estimulan la lectura (y mucho menos un análisis abierto), y desvían a los estudiantes hacia los vitales resúmenes que procuren su buena nota. Resumiendo, textos de gran calidad son puestos en manos de desconocidos de la lectura, y su única función es la de ser evaluados de manera absurda, en detrimento del leer.

Pero se puede ir aún más allá. Estoy en desacuerdo con un par de puntos que muchas discusiones alegan, como había hablado más arriba. Por ejemplo, los "nuevos textos" son parte de la realidad mundial, y si observamos índices de países como Finlandia, por nombrar un ejemplo, la población en estas edades lee un volumen mucho mayor de textos escritos. Tengo dos amigas alemanas, que estuvieron de intercambio en mi colegio, y precisamente una de ellas me comentó: "No entiendo por qué a los ticos no les gusta leer". Así que los "nuevos textos" que estas generaciones debemos aprender, no pueden tratarse como causa fundamental de este fenómeno, porque aún en países con mucha más alta tecnología que el nuestro, se sigue leyendo mucho más. Otro punto de desacuerdo, es la concentración y la paciencia. La gente suele decir que no lee por no disponer de tiempo. Pero sí hay tiempo para ir todo el viaje del bus viendo las páginas centrales del diario la Extra. En realidad, bastaría con ser paciente y leer 10 páginas diarias de un texto de 150 y en 2 semanas el texto está leído (claro que depende del texto, no es lo mismo un texto de Isaac Asimov que Marianela). Sin embargo, estamos acostumbrados a soluciones y resultados de "aquí y ahora", el corto plazo, la no constancia. Así que esta vía, no está contemplada para muchos. Es lo mismo que con las calles y carreteras (asfalto y no concreto), Crucitas (minería por 10 años y no conservación), trabajar lo antes posible, tener plata ya. Para mí la paciencia, en esos términos, sí se ha perdido.

Ya concluyendo (suponiendo que llego a alguna conclusión porque nunca lo hago), si al desánimo que tenga el joven, sea dado por las causas que se vieron, se le suma que el entorno hace sentir que no es necesario leer, que la conversación del "Cm stas? td bn? :-)"
importa más que el instruirse acerca de lo que pasó y pasa en el mundo, que sólo lo que me pasa a mí me interesa, que no es necesario imaginar porque ya todo está imaginado, vemos que el camino hacia volver a leer, está más que empedrado. Desde casa, escuela y colegio, lo primero es sembrar el gusto por la lectura antes que venerar a los grandes autores que marcaron épocas, que por supuesto son importantes, pero que fraguan las ganas de recorrer las páginas si es el primer texto que alguien intenta leer seriamente. El libro debe dejar de representar simple información, para poder leerse y apropiarse de él, y así pasar a formar parte del entendimiento de la cultura, la sociedad, la persona.

1 comentarios:

omar dijo...

Tenés razón, yo aprendí a escribir cuando estaba en quinto de colegio y fue para ganarme el corazón de una muchacha que ni siquiera me volvió a ver.
Al final de cuentas, gracias a ella y a mi perseverancia he alcanzado un nivel de escritura aceptable, pero fue gracias a la lectura: leer clásicos, filosofía, las columnas de opinión de personas como Villasuso o Rossi (no las páginas de en medio de extra... o la del final de la teja)
Así que, apoyemos e incentivos nosotros -los jóvenes- a otros jóvenes para que aprecien la magnificiencia de abrir, oler y degustar un buen libro.
Y ante todo, paremos la literatuta vacía y comercial, que no enseña sino que idiotiza: primero no eseñando nada y segundo, haciendo creer al lector que ya es un adepto de la lectura... para los que me conocen saben que me refiero a autores como Paulo Coelho, Kiyosaki, Sharma, Vargas LLosa (este último porque entremezcla de soslayo su incoherencia de vida y su politiquería de extrema derecha con los temas que desarrolla en sus novelas)
Leamos cosas que nos enseñen a crear un criterio de verdad, que nos enseñen algo para la vida... y después, creemos nosotros nuestra propia obra de arte universal.

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