Le Grand Cirque: Valieron las Penas

Ví el anuncio, y quise ir, al igual que a los otros circos que se han avecinado a nuestro país últimamente. Ví mi bolsillo, y mis ganas se me fueron momentáneamente a la basura, dado que además de mi escasa validez monetaria, las entradas eran realmente caras. Aún de esta manera, tuve algo de suerte y finalmente pude costearme la entrada. Después de esto, el nuevo problema era mi forma de trasladarme hasta el Palacio de los Deportes en Heredia, siendo yo de Cartago, habiendo consultado ya a la mayoría de mis conocidos y con ello darme cuenta de que no podían acompañarme. Sin embargo, tuve otro golpe de suerte más, y pude contactar con una buena amiga que se movilizaba con sus familiares en automóvil hasta el lugar...

Por fin llegamos. Noche de viernes, con un frío que insensibilizaba las extremidades y una expectativa que contrarrestaba el efecto del frío. Tomamos nuestros lugares y con un leve retraso comenzamos a ver el espectáculo. Música, color, luces, destreza, bellos vestuarios, humor, habilidad, gracia, emoción... se pueden utilizar un sinfín de vocablos para describir aquella situación tan impresionante. Le Grand Cirque en definitiva no es de esos circos que vienen siempre... su creatividad en las acciones y el desarrollo del espectáculo hacían sorprender en cada acto a pesar de ser algunos conocidos o esperados. Las coreografías, los juegos de luces, la calidad con que se terminaban la gran mayoría de los números fue realmente espectacular. El clásico payaso, era bueno, si bien no inigualable. Pero diría que cada acto traía lo suyo, y el espectáculo en sí mismo fue realmente grandioso al presentarnos imágenes bellas, provocar risa, espanto y emociones de todo tipo (por supuesto diré que el penúltimo acto en definitiva el más emocionante y sensacional).

De la parte detestable (suelo ser yo quejoso, disculpas), los vendedores de papitas, artículos de todo tipo (con los precios doblados, triplicados o más), pizzas (y las cajas en el suelo), pollo... El desorden tipo mercado-estadio y hasta la venta de patty de Johnson me incomodó por ratos. La gente que no respetaba el número del sitio adquirido se hizo presente también... Fuera de eso, nada más diría yo. Valió cada colón gastado en esa entrada, cada penuria pasada, cada nervio que sucumbió ante el frío (ni para tanto, jeje). Gracias a este circo chino por avecinarse por acá y deleitarnos... Saludos!


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