Malabarismo: una filosofía de vida


Es viernes. La tarde del pretil de la U empieza a caer, y los malabaristas ponen clavas, bolitas, diavolos y color a surcar el aire. Entre ellos, "uno más", de poca estatura, algo delgado, cabello rubio y de sombrero, se acerca con su bulto repleto para malabarear, al tiempo que carga un acordeón. Es Stefan, cuya edad parece más a la distancia, pero aún cursa el quinto año del colegio. Su forma de mirar cada bolita para malabarear delata su pasión por este arte.

Un antes, un después: abrirse al destino. Cuenta Stefan que estando aún en la escuela, esos tiempos en que era muy aficionado al televisor y quizá poco social, un profesor decidió enseñar a sus alumnos a jugar con 3 bolitas, para un acto ante el resto de la escuela. "Si me van a obligar a aprenderlo, prefiero aprenderlo bien", dijo con fuerza mientras recordaba cómo conoció los malabares. En esos primeros tiempos, su primer profesor verdadero fue su padre, quien le enseñó los primeros pasos. Después Stefan comenzó a correr, cada vez con más prisa.


Él relata que ahora el camino se abría a sus pies de una forma diferente. En este sentido, algo que cambió su vida junto a los malabares, fue conocer a "Maíz" quien, teniendo Stefan 14 años, decidió llevarselo a Nicoya para una presentación malabarística. Ríe cuando recuerda que Maíz tuvo incluso que hablar con sus padres para que estos le permitieran ir. "Gracias por hacerme recordar eso", dice, pues este viaje le hizo saber el mundo de gente y formas de ver la vida que había detrás de las clavas, los paracatines o el fuego; salió de la casa, salió del televisor, salió hacia el nuevo aire. A conocer "no solo lo bueno, también lo malo... pero eso es muy poco".

¿Qué más decir? "¡Todo mundo debería hacer malabares!" exclama mientras suelta una nueva carcajada. Y es que el malabarismo no solo es un arte de inigualable belleza y emociones, o un simple pasatiempo para quienes lo efectúan. Según estudios, se descubrió que hace algo creído imposible: modifica la materia gris, incluso en adultos. Además, favorece la disociación (percepción y ejecución de diversas acciones a un mismo tiempo) y la concentración. Eso, sin dejar de decir que regala montones de paciencia a quien lo practica. Para Stefan, el malabarismo es una forma de expresión, de diversión y de aprender a conocerse a uno mismo y a los demás de una manera distinta... Vida, en una sola palabra... ¡A jugar se ha dicho!

3 comentarios:

sarah dijo...

Supuestamente también ayuda a estudiar.

·PiLi · dijo...

buenisimo post Simon!!
es pilii la que toca guitarra y aprende a hacer malabare tambien :P
un saludo! muy buen blog!

Simón dijo...

Hola! Gracias jaja! Ya te estoy siguiendo en tu blog :D este viernes si puedo llevo mi guitarra!

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