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Hasta en el mínimo de tus soslayos,
el más pequeño brillo de tus ojos,
en las lluvias,
las lágrimas,
en estatuas abrazándose eternamente,
en dos guitarras predicando,
en mentirosos sin aliento para hablar,
bajo las iglesias,
entre las telas,
sobre los pisos de tierra,
al lado de un mendigo de la calle,
en el computador,
el supermercado,
entre los quesos finos
y la línea blanca,
bajo nuestro paraguas,
en la ventana del autobús,
las farolas, redes inalámbricas
y budas que no son budas.

Hay un fantasma.
Se llama espera.
Y algo lleva de mí.

02/11/09

2 comentarios:

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

La espera a veces trae gratas recompensas, pero ojala podamos abrazar a como abrazan estas estatuas, y así que la espera no fuera en vano.
Saludos

Simón dijo...

Gracias por pasar. Sí... ojalá abrazáramos como abrazan esas estatuas. Saludos. :D

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