Instrucciones para matar a Duília

Comprar un revólver 38, ir a la finca clandestinamente durante el fin de semana, practicar el tiro al blanco, dispararle a una muñeca como si le disparase a Duília; cuidar que el pulso no tiemble, hacer puntería, mirar bien el corazón de Duília, pedirle a Dios:
- Señor, evita que caiga en las tentaciones de Duília, amén.
Disparar una vez y dos y tres y cuatro y cien mil veces al corazón de una muñeca de trapo que representa a Duília, jalar el gatillo, matar a Duília y salir cantando y danzando, con la mano olorosa a pólvora, buscar al delegado policial y entregarse diciendo:
- Acabo de matar a Duília de un tiro al corazón.

(Los diarios dirán: millonario de São Paulo mata a Duília, la que daba a los hombres voluntad de cantar.)

Entrenar el tiro al blanco todo el fin de semana, comprar muñecas rubias y de ojos verdes como Duília, estar seguro de que no va a fallar cuando apunte al corazón de Duília, rezar un Ave María por el alma de Duília, pedirle a Dios que perdone los pecados de Duília, pobre, Duília quedó huérfana a los 7 años, vio a un pistolero armado llegar frente a su padre y disparar, era tan pequeña, pobrecita, hasta hoy, a los 23 años, cuando la brisa de Brasil besa y mece la cabellera de Duília, ella dice:
- Es la mano de mi padre haciéndome un cariño en la cabeza...

(Los diarios dirán, Duília se acostaba en el diván de un analista toda la tarde del jueves.)

Cuidar que Duília no se ría; cuando Duília ríe, señoras y señores, da alegría al mundo, acaba con los humillados y los ofendidos, y todos cantan y danzan alrededor de Duília y anuncian la buena nueva:
- ¡Brasil tiene solución! ¡Brasil tiene solución!
Contarle una historia triste a Duília, para que Duília llore (en lugar de reír), pero tener cuidado, cuando Duília se pone triste, ah, la belleza de Duília crece, y le da a la gente ganas de ser buena, el hacendado quiere llamar a los sin tierra y decretar:
- ¡Hágase la voluntad de Duília, reforma agraria ya!
Viendo a Duília reír, el banquero quiere tirar el dinero por la ventana, diciendo, súbitamente niño:
- ¡Simón dice! Lo que Duília diga, lo haremos todos.

(Los diarios dirán: hay quien diga que Duília es la esperanza brasileña.)

Llevar a Duília a ver el mar de Rio de Janeiro, Duília nació en Minas y Minas, todos saben, no tiene mar, mostrarle el mar a Duília y decir:
- ¡Es tuyo, Duília!
Invitar a Duília a comer, preguntarle a Duília:
- ¿Quieres beber una Cristal o una Veuve Clicquot?
Cuidar de no recordar a Duília borracha en Amsterdam, Duília bailando descalza en Amsterdam, ah, vengan todos, vengan a ver a Duília bailando descalza en Amsterdam.

(Los diarios dirán: durante la última Feria de la Industria en Amsterdam, Duília dejó a 33 industriales multinacionales literalmente enamorados.)

Sacar el revólver del bolsillo de la chaqueta y apuntar al corazón de Duília, preguntar gentilmente:
- ¿Cuál es tu último deseo, Duíila?
Si Duília responde:
- Mi último deseo es danzar descalza en la Calle Augusta...
Dejar a Duília ir, emborrachar a Duília y entonces... ah, y entonces... sacar el revólver, apuntar al corazón de Duília y halar el gatillo.

(Los diarios dirán: millionario de São Paulo tembló a la hora de matar a Duília y falló el blanco.)

Cuento original de Roberto Drummond, escritor de origen Brasileño, en su cuentario 'O homem que subornou a morte & outras histórias'. Traducción al español por Simón Avilés.
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1 comentarios:

Simón dijo...

N. del T. :P Hay algunas frases que traduje con la intención que daría una frase al español, pues si se tradujeren igual, no redondearían el sentido; así como hay otras en que la intención del autor es decir algo "absurdo" o sin sentido, por lo que las traduje literalmente. Saludos.

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