Ahora sí los vi pasar

Ya había lanzado improperios contra los diputados que permitieron que ingresaran. Ya había dicho que era absurdo tener que aguantar el ver dentro de mi país los colores de la muerte. Ya me había quejado, y dicho que esta invasión militar por vía diplomática no hallaba excusa en la "guerra contra el narcotráfico"; ya había muchas historias, comenzando por el lugar de proveniencia de estos militares, los Estados Unidos, que son más que evidentes de por qué Costa Rica nunca debió abrirle la puerta a ese destino incoherente con la vida misma. Ya había sentido todo el odio y la rabia del mundo, al saber que mis amigos y amigas ya habían visto los primeros efectos de esta nefasta decisión.

Pero ahora me tocó a mí. Ahora, en un día normal mientras me dirigía al trabajo, vi pasar a esas máquinas del terror. Vi esos helicópteros, en formación, cruzando el aire, nuestro aire, haciendo despliegue de sus hélices dobles y de su robustez metálica. Oí sus motores rugir y hacer vibrar el suelo, y oí a un niño decir: "¡Papi, ve qué chiva!"

A todo lo que ya había sentido antes, se le unió un sentimiento de miedo, que no había tenido nunca. Luego tristeza. Tengo 20 años, soy casi un adolescente, pero siento que me han quitado toda una vida de trabajo. Siento un dolor mucho mayor que la edad que tengo, y me quedo absorto, pensando en la vil mentira que quisimos mantener por tanto tiempo. Ya no nos queda ni el discurso. Quizá sólo las ganas de trabajar, pero este dolor me ha quitado mucha de mi fuerza.

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2 comentarios:

C.A. Fallas dijo...

Viejo comparto con vos la tristeza, la desolación y el desamparo.

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

No creo que se pase a más con esas naves y helicópteros,, pero si entregamos nuestra soberanía por cualquier algarroba.

Saludos

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