Limón: las historias de la lejanía

Un caso más de la prensa costarricense.
Trabajo de Teorías y Tendencias de la Comunicación 2. Módulo 2: política de la representación. Prof.: Carlos Sandoval. Por Simón Avilés.


Decía Pilar Cisneros en una entrevista a La Nación que, tras convertirse en “espectadora” por unos días debido a una lesión física, se dio cuenta de cuántos de los llamados “sucesos” y cuánta violencia estaban saturando el noticiero dirigido por ella. Si hubiese visto esta edición se le habría parado el pelo. O al menos eso podría pensarse. Sin embargo, no quisiera emitir criterios antes de tiempo.

El pasado 15 de setiembre de 2010, Telenoticias mostró una nota que formó parte de una serie nombrada “Limón bajo fuego”. Llama la atención la presentación de la nota, en la cual una animación de un revólver dispara una bala “hacia el espectador”, lo que podría verse como un intento por posicionar al público directamente como víctima de la violencia. Con este título y esta imagen es que se introduce tal temática.

La violencia, en general, como diría Patrick Champagne (1999), es de los “malestares sociales” (p. 51) que resultan particularmente mediáticos y rentables, y por ello llaman la atención de muchos periodistas y medios de prensa. De hecho, el abordaje que ha tenido la violencia en Costa Rica coincide con la descripción que hace Champagne de esos malestares “mediatizables”: “lejos de limitarse a registrarlos, el campo periodístico los somete a un verdadero trabajo de construcción que depende en muy amplia medida de los intereses propios de ese sector de actividad” (p. 51). La mediatización de la violencia y el miedo es algo que, se ha demostrado, no sólo atañe a Costa Rica sino a toda América Latina (Rey, 2005). Cabe entonces repensar ejemplos como este.

Según lo que relata el reportero en la nota de Telenoticias, las pandillas limonenses utilizan la música (el rap, principalmente) para enviarse mensajes de violencia. Partiendo de un único ejemplo, un video del rapero Rude Boy, extraído del sitio web Youtube, generaliza el uso de armas en los videos de raperos limonenses. La sucesión de imágenes contiene partes de videos de otras agrupaciones que no muestran armas, pero el montaje sugiere que sí las utilizan.

Sin haber entrevistado a alguno de los raperos, el periodista pasa a expresar que las semejanzas entre los grupos son, primero, la temática que tocan en sus letras (la violencia y la situación en general en sus barrios) y, segundo, su apariencia. De este último punto retoma la característica de los tatuajes, mostrando fotografías policiales de cuerpos tatuados (a pesar de que de manera casi irónica, quienes rapean en los videos mostrados no muestran tatuajes en sus cuerpos). Expresa que por medio de esos tatuajes “la policía ha logrado identificar pandillas”, y hace referencia a “una pandilla estadounidense” y a la conocida mara MS-18. Un dato que hace recordar las políticas de mano dura y super mano dura aplicadas en algunos países de Centroamérica después del 2000, donde podía arrestarse precisamente sólo por los tatuajes que una persona tuviese en su cuerpo.

Seguidamente, en la nota aparece un Fiscal Adjunto (la llamada "voz oficial"), miembro del poder judicial, quien dice: “Limón es una provincia bastante complicada, en Limón el crimen organizado está enfocado en drogas”. Esto pareciera una generalización y una entrada en temas que se salen de lo originalmente planteado en la nota. Es sugerente pensar lo expuesto por Champagne (1999), cuando habla de la construcción alrededor de un lugar específico por la inclusión de los acontecimientos sucedidos en éste dentro de la agenda mediática y su posterior relación con la creación de diversos "estigmas" que terminan por caracterizar a esos lugares. A pesar de que el reportaje prácticamente no tiene respaldos estadísticos, ni comparaciones con otras provincias, lo expuesto por el medio se asume como dado, y probablemente sea correspondido con aceptación del discurso por gran parte del público por las significaciones ya anteriormente elaboradas.

El periodista, tras lo anterior, pasa a hablar de los principales delitos (tráfico de drogas y homicidios) de quienes están ahora presos en la “sobrepoblada” cárcel de Sandoval, en Moín. Entrevista a algunos de los presos y les consulta sobre el cargo por el cual están cumpliendo pena y las razones que consideran los llevó a cometer tales actos. El primero de los entrevistados habla de la falta de empleo y de la exclusión que se sufre tras salir de la cárcel. Pero estos comentarios son omitidos en la nota por el periodista, quien sobre todo enfatiza en lo “complicado” de la situación en Limón y pregunta "con las respuestas" a otro privado de libertad. Aquí quizá queda más claro lo que vimos sobre los "estigmas": incluso dentro de la misma nota aparecen otras alternativas y visiones, pero estas no se toman en cuenta dentro de la construcción noticiosa, sino que se vuelven difusas en medio de "recalcar" lo previamente construido.

Hacia el final, el periodista aclara que el lugar donde se presentan las problemáticas de pandillas no es toda la provincia de Limón, como dijo él mismo antes y referenció con el fiscal, sino que se trata únicamente del cantón Central de esa provincia. Conviene entonces preguntarse el por qué de la generalización inicial. Es interesante inclusive la manera en que la nota está construida: gracias a la casualidad de encontrarse un video de un rapero limonense en el cuál hay armas de fuego, se toma este como ejemplo, se generaliza a otros raperos y luego se procede a encuadrar estos dentro de un estereotipo ya construido de personas relacionadas a la violencia, que casualmente tiene que ver con la forma en como se ven. Esto último sirve de puente para llegar a las demás generalizaciones sobre la violencia en Limón. Si se ve, el tema inicial tiene un aterrizaje un poco forzoso (o mejor dicho, forzado) sobre el tema final.

Muchas veces Limón parece un lugar al otro lado del mundo cuando se le presenta en los medios. Algo allá, lejano, una especie de mito, algo intangible, que les permite a los “meseteros” decirse quiénes son. Esta vez no fue la excepción. Podría preguntarse si sólo los raperos limonenses hablan sobre la violencia, si sólo en Limón el crimen organizado está principalmente ligado al narcotráfico, si sólo en Limón hay pandillas, si sólo en Limón hay cárceles saturadas. Probablemente la respuesta a todas estas preguntas sea no. Aún así, se expone a Limón como ajeno a la realidad costarricense.

Como Blanck-Cerejido (2003) propone, las construcciones sobre la otredad se generan en la cercanía. En Costa Rica como país, el principal discurso sobre la otredad que reafirma la identidad es el del otro extranjero, en la figura del nicaragüense. Sin embargo, a lo interno del país, el discurso que más cobra fuerza es el del vallecentralismo, que podría pensarse como la identidad citadina, urbana, opuesta a lo "polo" de lo rural. Tal discurso cataloga lo considerado "no promedio" de lo rural, algo que es apreciable a nivel de medios de comunicación. Limón es uno de estos casos. Los estereotipos no sólo aparecen de forma "negativa", como lo que hemos tocado hasta ahora, sino en otro tipo de casos como podría ser el abordaje de la cultura afrodescendiente, relacionada directamente con la provincia de Limón, que además es siempre caracterizada desde la música, la comida y lo "rico" de la cultura limonense. En los medios se retoma y se rechaza lo que discursivamente se necesita sobre ciertos grupos a representar y a lo más cercano y similar se le buscan las mayores diferencias.

Champagne (1999) señala que este tipo de discursos terminan por asentarse incluso dentro de los representados, quienes lo aceptan como lo que realmente les representa y como lo que realmente son. Dentro del ejemplo que se ha analizado hasta ahora, es curioso señalar que apareció en una edición posterior del noticiero la reacción de un muchacho que, asumiendo lo expuesto sobre los raperos limonenses como cierto, "desmentía" su caso, asegurando que como "cualquier joven normal" estudia en la universidad y que con el rap sólo cuenta las historias que conoce, sin él verse implicado en la violencia. El texto superpuesto del noticiero afirmaba "no todos los raperos son pandilleros".

Por otra parte, genera atención ver que la siguiente nota de la serie iba a hablar sobre cómo debe tratarse la violencia. Pareciera que la nota es tan sólo una especie de "background" que fundamente la tesis que se presentará en los demás capítulos de ese tema presentados por el noticiero. La agenda noticiosa determina dónde se ubica la violencia, en qué grupos y cómo debe combatirse; todo a su vez determinado por un periodista y un medio que responden a una visión de mundo propia que degenera en muy erróneas percepciones, estereotipos y construcciones que terminan en la maximización de los malestares sociales en el nivel macro. Esto principalmente porque toda la elaboración de un discurso de este tipo, termina siendo determinante en dos campos: la llamada "opinión pública" y la agenda política, que también se mediatiza. Si la visión imperante de la solución a la violencia tiene que ver con la vía punitiva, esas serán probablemente las directrices tomadas en el nivel político y serán respaldadas por una amplia parte de la ciudadanía que las acepta como positivas. Será la generación de nuevas narrativas para otras experiencias que muestran posibilidades de otro tipo las que puedan hacer alguna diferencia.

Referencias

Blanck-Cerejido, F. (2003) La mirada sobre el extranjero. En Blanck-Cerejido, F. y Yankelevich, P. (compiladores). El otro, el extrajero. Buenos Aires: Libros del Zorzal. pp. 21-34.

Champagne, P. (1999) La visión mediática. En Pierre Bordieu (director). La miseria del mundo. Madrid: Akal, pp. 81-63.

Rey, G. (2005) El cuerpo del delito. Representación y narrativas mediáticas de la (in)seguridad ciudadana. Colombia. Fundación Friederich Ebert.

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