De rayos y agua

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Llueve tempestuosamente. Algunos sistemas eléctricos intentan resistirse pero la gran mayoría ya cedieron ante la rayería. Así, a través de la mojada ventana se observan muy pocas luces de tungsteno aún encendidas. La mayoría es oscuridad.

El autobús, queriendo parecer un navío, lucha contra el agua que debe surcar. Pero no sólo contra ella: cientos de automotores se intimidan ante lo que los rodea y se intentan defender con sus bocinas. Pero no lo logran. Un nuevo relámpago les calla sin reparos. Casi no logran moverse, simplemente tiemblan agazapados esperando una nueva oportunidad de caminar unos cuantos centímetros.

Cuando el vehículo avanza lo poco que puede, logran entenderse algunos restos de luz que en la lejanía dejan percibir su movimiento. Pero eso que se esconde, se ilumina a cada resplandor momentáneo que aparece. Cada rayo blanco exhibe un cuadro irrepetible, un rostro único de aquel paisaje, cuya imagen sólo habrá de retenerse en esa forma por cada cerebro (y no por cada ojo, como pensarían algunos). Son casi fotografías melancólicas que pueden guardarse para siempre a pesar de ser tomadas, reveladas y quemadas en un mismo momento.

Todo ese ritual natural, me hace salir de mí por algún tiempo, pero al volver en mí me recuerda lo bueno de estar de este lado de la ventana, para después ponerme a pensar en el momento de estar al otro que pronto llegará. Una vez allí, me doy cuenta: ya el resplandor no viene desde ningún lado, viene de todas partes, me envuelve y me hace escalofriar. Cambia absolutamente todo de color por un corto instante y más tarde le hace compañía al sonido de "cállate" que emite la lluvia.

Yo hago caso, cierro la boca y sonrío. De cualquier manera tuve la suerte de estar a ambos lados de la ventana y de coleccionar las fotos que nunca, nunca más se repetirán.

Sudáfrica: memorias del Mundial

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El zumbido de una vuvuzela en el oído no es lo único que deja Sudáfrica 2010.

Con España campeón, ha terminado una copa que, para los estadísticos del deporte, rompió muchas expectativas. Una final inédita, el primer mundial en África, pocos delanteros, muchos defensas, muchísimos decibeles en los estadios y un pulpo enrachado prediciendo resultados.

Sin embargo, no me puedo quedar sin pensar en imágenes de antes, durante y después del mundial. Todo a pesar de ser parte de los que siente mucha emoción con el balompié.

Los más positivos, nos hablan de los números del mundial y del color de los bailes y las imágenes, además de las emociones de los aficionados. Nos hablan de los 500 000 empleos directos generados por la Copa, más los miles de indirectos, dirán que la infraestructura creada, que eso beneficia a un país que tiene 50% de su población bajo la línea de pobreza, aún siendo el de mayor PIB de África.

Pero no nos dicen para quién van esos empleos, si realmente para los desempleados y excluídos o para los que ya estaban acomodados. No nos dirán las condiciones de esos trabajos, ni por cuanto tiempo durarán. No nos hablan de los préstamos que pidió Sudáfrica, no nos hablan de cuánto de los millones que genera el Mundial se quedan allí y cuántos arrastra la FIFA al volver a Europa o cuántos se dejan los medios, que radican en otras latitudes. Nos podrán a pensar que esa población hecha a un lado prefiere "tener eso a no tener nada" y así continuarán con las bondades económicas.

También saltarán los más felices, aduciendo que al conocerse la cultura Sudafricana en el globo disfrutarán por mucho tiempo de los beneficios de este mundial en cuestiones como el turismo, que este evento marcará un punto de inflexión en este país. Aparecerá el rostro de Nelson Mandela, símbolo contra el apartheid, pero su discurso no traspasará las murallas mediáticas, abiertas sólo al espectáculo que eleva su rating y su nivel de publicidad. Menos calará en las "arenas políticas".

¿Demasiado pesimismo? A veces, estos eventos nos dejan sordos y ciegos. A veces, sólo vienen a reafirmar que, sí, somos sordos y ciegos ante lo que está alrededor. En la entrega de medallas me generó algo extraño el ver cómo una línea de hombres condecoraba a otra línea de hombres mientras atrás una línea de mujeres únicamente sostenían bandejas con medallas mostrándose "bellas". Hay muchos temas alrededor del fútbol, ya lo han dicho muchos, con mucho más créditos que yo.

No diré que no disfruté de las danzas, de los partidos y de las emociones. Sí, seguí el mundial a más no poder; hasta llené el álbum virtual. Pero no dejo de pensar en que ese sueño global de un mes y esa cara "bonita" de la FIFA es el mayor anzuelo que tiene el lado más feo del mundo.

Muchos hablan bajito y otros suenan las vuvuzelas para que nadie los oiga.