Ahora sí los vi pasar

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Ya había lanzado improperios contra los diputados que permitieron que ingresaran. Ya había dicho que era absurdo tener que aguantar el ver dentro de mi país los colores de la muerte. Ya me había quejado, y dicho que esta invasión militar por vía diplomática no hallaba excusa en la "guerra contra el narcotráfico"; ya había muchas historias, comenzando por el lugar de proveniencia de estos militares, los Estados Unidos, que son más que evidentes de por qué Costa Rica nunca debió abrirle la puerta a ese destino incoherente con la vida misma. Ya había sentido todo el odio y la rabia del mundo, al saber que mis amigos y amigas ya habían visto los primeros efectos de esta nefasta decisión.

Pero ahora me tocó a mí. Ahora, en un día normal mientras me dirigía al trabajo, vi pasar a esas máquinas del terror. Vi esos helicópteros, en formación, cruzando el aire, nuestro aire, haciendo despliegue de sus hélices dobles y de su robustez metálica. Oí sus motores rugir y hacer vibrar el suelo, y oí a un niño decir: "¡Papi, ve qué chiva!"

A todo lo que ya había sentido antes, se le unió un sentimiento de miedo, que no había tenido nunca. Luego tristeza. Tengo 20 años, soy casi un adolescente, pero siento que me han quitado toda una vida de trabajo. Siento un dolor mucho mayor que la edad que tengo, y me quedo absorto, pensando en la vil mentira que quisimos mantener por tanto tiempo. Ya no nos queda ni el discurso. Quizá sólo las ganas de trabajar, pero este dolor me ha quitado mucha de mi fuerza.

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Pedro Guerra: Versiones de un alma como la tuya

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Era peligroso y difícil aventurarse a suponer de qué se trataba el concierto de Pedro el pasado martes 24 de agosto. Muchos querían verlo rodeado de sus músicos, hacer magia con esa super técnica banda, escuchar sus temas como venían en los discos...

Pero no. Pedro Guerra venía sin su banda. Y sin su repertorio. Por lo menos el "de siempre". El cantor canarino abrió y cerró el concierto con canciones que no eran suyas y que cantó únicamente acompañado por su guitarra. Eran las versiones de las canciones que creció (y muchos crecieron) escuchando. Versiones que sólo un alma como la suya podrían cantar.

¿Por qué sólo guitarra?
Fácil. Pedro escuchó esas canciones de su padre, "que no era músico, ni nada". Quiso reproducir aquellos momentos en que una persona "toma su guitarra y canta, sin pretensiones de ningún tipo". Aquella explicación apagó más de un signo de pregunta. La intimidad que Guerra llevó al escenario fue tan extraña como envolvente. Sobre las tablas había luces bajas y muebles como los una sala cualquiera que nos abría sus puertas. Pasando por temas clásicos, principalmente Latinoamericanos por su influencia canaria, y sus propios clásicos, puso a cantar, suspirar, pensar y, claro, aplaudir.

Entre tema y tema, nace una amistad. Pedro en todo su trabajo ha mostrado siempre una gran sensibilidad. En el escenario, además, nos muestra su humildad y su capacidad de hacer sonreír y soñar con las cosas simples. Si algo es valioso en sus presentaciones, son los momentos entre canciones. Allí es cuando estrecha su amistad con su público, cuando parece un compita más. Pedro nos recordó de quiénes eran realmente las canciones y nos contó cómo las oyó por primera vez (lo reproduzco lo más fielmente que me lo permite la memoria):
"Existe un tema excelente de Carlos Gardel, El día en que me quieras, que yo sólo escuchaba cantado por mi padre cuando era pequeño. Cuando lo escuché cantado por Gardel, me dije 'este tipo se equivoca la letra'. Sucedía que mi padre cantaba "Y un rayo misterioso arácnido en tu pelo". Resulta que "un rayo misterioso hará nido en tu pelo". Qué bueno que cuando uno es pequeño no se pregunta por el significado de las letras, porque "arácnido en tu pelo" no me parece una imagen muy bonita... De cualquier manera, que un "rayo misterioso" haga nido en el pelo tampoco es realmente una imagen tan bonita que digamos... Pues bien, resulta que contaba esto en una radio, en España, y el chico de la radio me dijo 'Ah, ¿Sí? Pues en mi barrio cantábamos 'Esta tarde vi llover, virgen del Correr'..."
A la gran mayoría nos arrancó risas con sus historias y su manera simple de contarlas. Y en el momento más inesperado del cuento su guitarra comenzaba a entonar las notas de Contigo en la Distancia, de Envidia, de Debajo del Puente, 5000 años, Contamíname, El Marido de la Peluquera, Raíz... Nos llevó de una época a la otra, de un género al otro, de un sentimiento al otro. Todo con su humilde compañera guitarra y su estilo tan particular.

Esta fue una versión de Pedro Guerra que sé que muchos y muchas no esperaban. Pero estoy seguro de que a la gran mayoría le complació, de manera diferente. De mi parte, mi amistad con él por medio de la música se hizo más estrecha.

Me hizo aplaudir muy fuerte y lagrimear al terminar cantando a capella. Me hizo recordar momentos bellísimos a través de todas las canciones que cantó. Me hizo sonreír y aplaudir junto a mi novia, mis amigos y amigas. Sin duda, Pedro es uno de esos músicos que me impulsan a buscarle una mejor versión a esta vida.

Setlist

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El Miedo en el Medio

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Todo el mundo lo huele, pero casi nadie lo ve. Una nota de La Nación, con una encuesta, nos dice que en este instante la inseguridad ciudadana es la reina de los temores ticos. Esa misma nota acota que
"La seguridad tampoco ofrece pruebas de haberse deteriorado tanto en el último año como lo perciben los encuestados. Los homicidios en el primer semestre del 2010 fueron 231, lo que representa una disminución de 11 asesinatos con respecto a los primeros seis meses del 2009, según datos oficiales."
A ver, a ver.

A decir verdad, ya me había olvidado de hacer este post, y lo había dejado sólo en un comentario en feisbuc. Sin embargo, esta noche sin querer vi la #preguntica de Telenoticias, que, "basada" en la encuesta anterior, rezaba algo similar a "¿Cree que hace bien el trabajo el Gobierno en materia de seguridad?". Si llueve caquilla, seguramente caerá caquilla al suelo. Talvez también algún que otro pájaro que la llovió.

Pero bien, más que escribir sobre inseguridad ciudadana (de la que hablo mucho, y existen quienes de verdad saben al respecto) le tiraré la pelota a la que aquí no se la pasaron: la mediatización del miedo. El dato que aparece como "secundario" es desdichadamente el mejor signo de la situación tras esto (algo que personas como Carlos Sandoval, Mónica Vul, Mario Zúñiga y muchos estudiosos más, han tocado y cuyos argumentos repetiré). Para mí es además curioso acotar que, según el gráfico, el subidón que experimenta el miedo por la inseguridad coincide con la última campaña política. ¿Cuál fue el tema más utilizado por don Ottico y doña Laura?

Hasta aquella señora, maestra y demás, la Delvecchio, sí, tenía algo de razón cuando dijo que la inseguridad en Costa Rica era un asunto de percepción. Por supuesto, lo dijo mal. Y por supuesto, los medios casi le cortan la cabeza cuando lo hizo (¡Oh!). No es que no haya impunidad. No es que no haya violencia ni delincuencia. Es que no es cuanta se cree, ni está donde se cree. Un ejemplo viejo (nada de lo dicho es nuevo, de por sí), escrito por Sandoval en 2008:
El Informe de Desarrollo Humano 2005 muestra, por ejemplo, que la probabilidad de ser víctima de violencia patrimonial es de un caso entre cuatro, mientras que la probabilidad percibida es de una entre dos. La percepción duplica a la victimización. En el caso de la victimización física, la razón es de una entre treinta y una. Sin embargo, la percepción de victimización es de una entre tres. De nuevo, la percepción es mucho más elevada que la victimización.
Además, hay más violencia en las casas (sí, violaciones) que en las calles. Menos del 8% de los crímenes son hechos por nicaragüenses. Hay cifras en las que el "convulso" Limón anda parecido al "tranquilo" Cartago, o en otras peor (violación intrafamiliar). Y así por lo consecuente.

Pero eso sí, cualquier conexión medio-miedo será evitada. Cualquier construcción institucionalizada se mantendrá igual, ahí, invisible. Tanto debate y tanto viejo chingo; tanto miedo de perder el miedo a cambiar todo. En acercarse y juntarse en comunidad está gran parte del secreto.

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Que las celebraciones no sean cortinas de humo

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No se me ocurrió un título llamativo. Eso está claro.

También está claro que quienes creemos en el respeto a los Derechos Humanos y la Democracia, y en que eso es lo que debe primar en nuestro país, hoy pasamos de un lado al otro con mareos de por medio.

Por la noche, mientras yo me encontraba en una clase de Teorías de la Comunicación, nos anunciaron el veredicto de la Sala Cuarta: en efecto, no habrá Referéndum del Odio para decidir sobre la posibilidad de las personas homosexuales para formar sociedades de convivencia. Cada quien lo celebró a lo interno, soltó un "qué bien" y sonrió para después continuar con la lección. De mi parte sentí una gran alegría. Fue el resultado de una gran lucha para cerrar esa terrible posibilidad.

La Sala Constitucional, tras defraudar a muchos con el desastre respecto al proyecto de minería en Crucitas (y las cuestiones con SENARA), en un intento (que no alcanza) por lavarse la cara, frenó la consulta popular que varios grupos religiosos (principalmente) impulsaron. Los argumentos fueron más que claros: 1. Se trata de Derechos de minorías que no pueden ser votados y 2. No es materia electoral, sino legislativa. Quizá por lo contundente de ello y la imposibilidad dar algún rodeo, no nos topamos con una sorpresa de otra índole.

Sin embargo, hoy mismo, por la madrugada, debíamos hacer lo contrario de aplaudir, sea lo que eso sea. Indígenas que se acercaron en forma pacífica, para intentar obtener una respuesta que lleva prácticamente 20 años en espera, fueron golpeados y sacados a la fuerza de la Asamblea Legislativa. ¿Cuán aborrecible puede ser la hipocresía de este gobierno? ¿Dónde queda la falacia del "diálogo" que tanto utilizan? ¿En mirarle la cara de tonto al pueblo y a los verdaderos pobladores de estas tierras?
La paz empieza con el respeto al derecho humano, respeto a la diferencia de los pueblos originarios, de los que menos tienen, de los que conservan sus bosques, aguas, su forma de vida menos contaminada, de los y las que creemos que vivir bien no es solamente tener grandes cuentas en los bancos. Sino respetamos entre sí. [...] Es así como en Costa Rica, país libre, democrático, donde se respetan los derechos humanos, se celebra el día internacional de los pueblos indígenas sacando a la fuerza y golpeando a indígenas, tirando a suelo a mujeres indígenas que piden que se respeten nuestros derechos. - Elides Rivera Navas, Indígena Térraba
No dejemos que una celebración se convierta en cortina de humo. Hay muchísima más tela qué cortar, verdades que revelar, mentiras de qué defender al país, en estos temas, y en otros, día a día, momento a momento. Recordemos que lo más importante, es casi siempre lo que menos se ve.


Fui al Chirripó (uno más)

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No quiero presumir, tan sólo quiero relatar uno de los sucesos más bellos de mi vida. Quien pueda subir al Cerro Chirripó antes de morir, hágalo.

Como casi todo lo que sabe bien, cuesta. Es cierto, todo comienza con querer: "Quiero ir al Chirripó", pero antes de simplemente "hacerlo", hay que buscar espacio y reservar (lo más difícil), buscar dónde alojarse, pensar en cómo ir, qué llevar, que qué tipo de zapatos, que cuántas bolsas plásticas, que cuántas cobijas. Es la parte engorrosa, que no sólo toma tiempo, sino también algo de dinero (si quieren una lista de tips completa, me avisan y se las paso...).

Estamos "listos". Tras algunas horas de viajar hacia San Gerardo de Rivas y registrarnos el miércoles, cenamos y nos acostamos temprano, sí, para levantarnos temprano también. A las 3:30 am del jueves sonaron las alarmas. Pretendíamos comenzar a caminar a las 4 de la madrugada, pero duramos muchísimo alistándonos, por lo que salimos casi una hora más tarde. Pero bueno, al menos aún no era de día (esto en realidad fue un problema).

La entrada hacia la primera parte del sendero (el Termómetro, sugestivo nombre) está a la derecha del camino principal. Eso nadie nos lo dijo, y si nos lo dijeron no lo escuchamos. Nuestras linternas apuntaban hacia el suelo en la oscuridad, por lo que nunca vimos el grandísimo rótulo del Termómetro. En efecto, nos perdimos por casi una hora, dentro de la reserva Cloudbridge. Y para devolvernos, por el cansancio, duramos una hora y tanto. Después de más de dos horas de caminar, sudados, bastante cansados, estábamos en el kilómetro CERO. Por un momento hubo frustración, pero el camino está para caminarlo.

Pasaban los kilómetros. Unos mas duros que otros, pero suaves sólo 2, muy aislados entre sí. Cada marca de kilómetro daba más esperanzas de que podríamos llegar a pesar del garrafal error inicial. En cada una de ellas había una parada obligatoria, y en el refugio a los 7,5 kilómetros, una más larga para tomar fuerzas. La Cuesta del Agua (larguísima), el Monte Sin Fe (sí, gracias) y la Cuesta de los Arrepentidos (de lo que quiera). Llegamos al refugio con una fuerte lluvia encima desde el kilómetro 9 y con un retraso de unas 4 horas. 11 horas caminando en total. Pero llegamos, a descansar. El refugio es un lugar bastante frío y no tiene agua caliente.

La segunda ronda. Todavía era jueves, y pore lo que nos había ocurrido ese día por la mañana, preguntamos a uno de los voluntarios del Parque cuáles formas había para llegar al Chirripó. "Camino inteligente sólo hay uno, ahí usted sale para la izquierda", fue la respuesta. Insistí, no quería cometer errores. "Sólo hay un sendero para el Chirripó".

Viernes, de madrugada. Salimos a las 3 30 am. Oscuro, frío, poco oxígeno. Teníamos en mente que sólo habría un sendero. Al salir del refugio, de frente, aparece un rótulo que indica un sendero: "Crestones, Cerro Terbi". A mí me parece extraño que no diga "Chirripó". Mi hermano recuerda que un amigo suyo "algo" había dicho con esos nombres. Yo prefiero no arriesgar, me devuelvo, pero no veo ningún rótulo más. Mala suerte: el viento se había traído abajo uno inmenso que decía "Chirripó" en otra dirección.

Subimos Los Crestones. Seguimos. Una del grupo tenía falta de aire. Todos teníamos prisa por llegar a algún lugar alto para ver amanecer. Alguna ropa estaba mojada del día anterior. El sendero se nos perdió en algunos tramos y no veíamos a nadie más caminar. Pero seguimos. Tras todo el esfuerzo, cruzamos los Crestones y llegamos al Cerro Terbi para ver amanecer allí. Fotografías, videos. Allí se nos dibujaron los mejores azules y naranjas y las mejores vistas del Océano Pacífico. Nos apareció el Volcán Turrialba humeante e imponente y nos emocionamos. Hicimos la firma en el cuaderno de quienes lograron llegar a ese lugar que, en altura, está a sólo 60 metros del Chirripó. Sin embargo, no era esa la distancia que faltaba para subir al lugar más alto de Costa Rica.

Haría falta bajar y subir de nuevo para llegar al Cerro. Debíamos llegar al Valle de los Conejos (¿De qué conejos hablas?) descendiendo por el sendero Guardianes de las Aguas Eternas. Ya allí, faltarían 3 kilómetros más. Como el Chirripó nunca aparece en las fotos del Parque (siempre ponen Los Crestones), pensábamos que estábamos viéndolo. Pero tras terminar una subida, apareció. Imponente por su tamaño. A lo lejos, en la punta, ondeaba una bandera costarricense.

Después de caminar, escalar, respirar fuerte en cada paso y sufrirlo, llegamos. Aunque a la hora de nuestro arribo estaba completamente nublado, allí uno se da cuenta de que todo el camino es impresionante. De cualquier manera, mi novia insistió en esperar hasta media hora para que se despejara. Al minuto 29, el milagro ocurrió y pudimos ver los lagos y valles de alrededor, junto a las otras filas de montañas que cortaban el aire. Firmamos con nuestros nombres y tomamos más fotografías, muy satisfechos.

Aunque nuestro objetivo principal estaba cumplido, faltaba una parte que a veces no parece tan importante: la bajada. Es más de la mitad del trabajo, estás cansado y aunque ahora vas con la cabeza fría, quizá ya no hay tanta ilusión. Pero también hay más paciencia, por lo que, por ejemplo, podés tomar mejores fotos y observar más detalles.

En lo personal, es lo mejor que he visto en toda mi vida. Estar allí arriba es respirar aire puro, seguir subiendo sin entender de dónde provienen las fuerzas, entrar en contacto con la vida verdadera, el fin y el medio. Yo que creo en él, también estuve muy cerca de Dios. Había paz y alegría, principalmente por haber llegado allí con las personas que me acompañaron. Las imágenes no captan ni un décimo de lo que es ese lugar. Allí se aprende, se valora, se entiende, se sufre y se disfruta. Al tiempo que nosotros subíamos, subía un señor de 69 años a quien habían operado 7 meses atrás del corazón. Quienes puedan ir al menos una vez en su vida, háganlo. No se arrepentirán. Ese hombre lo sabía.