La fiebre del referendo

El presidente de Ecuador Rafael Correa realizó el pasado sábado 7 de mayo su tercer referendo en sus casi cinco años en el poder. Al día siguiente celebró su "amplia victoria" sobre la oposición con declaraciones como "Hemos ganado por más de 20 puntos" "El pueblo ecuatoriano ha vencido, la verdad ha triunfado".

Pero pasados tres días el conteo sigue y la polémica va en aumento. De uno y de otro lado se acusan de fraude y de manipulación de datos. A pesar de que los resultados aparecen bastante parejos e inclusive se dice que en algunas de las 10 preguntas planteadas el "No" va a la cabeza, Correa insiste en su triunfo, ahora por un 7%.

Independientemente de la naturaleza de lo que se plantee en un referendo, se puede pensar que darle al pueblo el poder de decidir sobre la aprobación o no de una ley o modificación a la constitución política mediante este mecanismo es una expresión democrática de alto nivel, sin embargo, hay que tomar en cuenta en que condiciones se lleva a cabo esta consulta.

Si se observa desde la experiencia particular de Costa Rica con el referendo por el TLC, una de las irregularidades más fuertes fue la desigualdad a la hora de informar. El "Si" contaba con presupuesto mayor, lo que le permitía pautar con más regularidad y en más espacios, además los medios nacionales como Canal 13 y el programa radiofónico Panorama se colocaron al servicio de su posición. Finalmente, los partidarios del "Si" irrespetaron la prohibición de pautar "Durante los días inmediatos anteriores y el día de referéndum".

En el caso de Ecuador, una de las críticas al reciente referendo se orienta también en esa dirección
"el fraude electoral del Siglo XXI, ya no se hace como antes metiendo votos en las urnas. Se lo hace antes de las elecciones. La propaganda del Gobierno sin límites es una forma de fraude electoral. Las cadenas infames de televisión de los últimos días calumniando a los medios de comunicación para conseguir votos a favor del Sí, es una forma de fraude electoral".

En ambos casos existe una queja hacia la desigualdad de condiciones y resulta clara la ventaja en cuanto a presupuesto y posición mediática de la posición estatal sobre la de oposición. Aún así los márgenes de triunfo, tanto en el caso del Costa Rica como en el de Ecuador (si es que llega a ganar el "Si"), son porcentualmente bajos.

¿No es lógico entonces suponer qué sucedería si ambas partes estuvieran en igualdad de condiciones, sin manipulación, sin fraudes ni trucos sucios? Es decir, si cada una de las partes fuera tratada como se trata a cada ciudadano en un sistema democrático: con igualdad de oportunidades... ¿O puede que precisamente ese sea el problema?

Como en toda ideología, en papel todo resulta fabuloso, es a la hora de llevarla a la práctica que se hacen ciertos sacrificios, recortes y ajustes que casualmente no suelen afectar a las élites y donde algunos resultamos "más iguales que otros".

Es cierto que en temas tan delicados como la modificación a la constitución política el pueblo tiene el derecho a elegir, pues lo que ahí se decida le afecta directamente. El problema viene cuando la consulta popular se aplica como instrumento para legitimar mecanismos que favorecen a la minoría de siempre o que permiten la concentración del poder mediante el engaño y la manipulación de la información y donde, ante cualquier queja posterior, el argumento final de quienes gobiernen será:
"El pueblo lo decidió".


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1 comentarios:

andrés dijo...

Por igual no solo cuenta la cobertura si no la capacidad de educar al Pueblo para que tomen una desicion a consciencia, tomando como ejemplo en Tiquicia el referendo del TLC lo que recibio la gente fue politiqueria en vez de informacion.

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