Ningún pobrecito

Los jóvenes, en sus colegios y barrios, ven su futuro amenazado ante la oferta fácil de drogas; nuestros sistemas de salud casi están desbordados por el problema de las adiciones (sic) la integridad de nuestras instituciones se ve amenazada por la corrupción y la coacción; y la violencia alcanza niveles nunca antes vistos.

Laura Chinchilla fue al Debate General de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 23 de setiembre de 2010 a quitarse el tiro y a dar lástima.

Conocí el caso en las 5tas Jornadas de Investigación y Acción Social de Comunicación, en una ponencia donde Sara Pacchiarotti y Gabriela Cruz compartieron un análisis realizado a este discurso. Parte de los resultados obtenidos por las autoras se logra con la aplicación del cuadrado ideológico de Van Dijk.

Según este autor los cuatro ejes de la manipulación del discurso son los siguientes: magnificación de la representación positiva del nosotros; disminución la representación negativa del nosotros; magnificación la representación negativa del ellos; y disminución la representación positiva del ellos.

Refiriéndose al discurso Sara y Gabriela concluyen que efectivamente
“…hay una manipulación de ciertos temas frente a otros. Los temas que se relacionan con el concepto de “nosotros” incluyendo la Presidenta y su país tienen connotaciones extremadamente positivas.”

En realidad no es necesario ser un lingüista ni un profesional de la comunicación para percibir que algo anda mal con ese discurso, una lectura superficial es suficiente para poner en evidencia como la presidenta se vale de una serie de afirmaciones inexactas para presentar al país como una maravilla que para llegar a ser lo que es renunció a ciertos mecanismos (el ejército por ejemplo) que podrían haber defendido el territorio de la problemática social del tráfico de drogas. Esto es un ejemplo de lo que el cuadrado ideológico de Van Dijk llama enfatizar lo positivo del nosotros.

En general el discurso representa en buena manera la incapacidad o la falta de voluntad de la élite para ver el país como lo que es realmente y no como lo que ellos quieren decir que es.

Un país sin ejército no es necesariamente un país desarmado y mucho menos un país pacífico, en Costa Rica por ejemplo:

“La utilización de armas se ha incrementado de forma importante; entre 1989 y 1999 se matricularon 43.241 armas de fuego, con un crecimiento de un 192.74%. Se matriculan especialmente pistolas (48%) y revólveres (39%). Un 66.8% de las matrículas corresponde a personas físicas y un 33.93%, a personas jurídicas. Estas últimas son las que crecen más rápidamente por año. En la misma época, el Ministerio de Seguridad autorizó a 53.857 ciudadanos a portar armas. De ellos, 44.455 renovaron ese permiso. Se calcula que alrededor de 280.000 personas tienen un arma de fuego.”

No se puede afirmar que se vive una guerra contra el narcotráfico y contra la desigualdad para luego decir que el país está en paz. No es un país pacífico si el eje de la campaña política es la batalla contra la inseguridad ciudadana asumida desde una perspectiva punitiva, para nada integral, que castiga múltiples veces a las mismas víctimas.

Está bien señalar el tráfico internacional como un problema a resolver y establecer que por la posición del territorio nacional este resulta estratégico como parte de Centroamérica, un puente entre el sur y el norte de América.

Pero decir algo como esto tiene una intención totalmente diferente:
"Desde esta tribuna, hago un llamado a los países que más contribuyen al consumo de drogas para que emprendan acciones más eficaces y para que colaboren con quienes
padecemos un problema que no ha sido creado por nosotros."

¿No hemos creado un sistema que privilegia a unos y excluye totalmente a otros? ¿No hemos privado de oportunidades a un sector importante de la población simplemente por el lugar del país en el que nacen o el apellido que les toca?

Si la presidenta presume que se invierte tanto en educación, que la juventud es de gran importancia para el futuro de la nación y que se lucha contra la desigualdad, debería ser lógico que la misma presidenta vea que muchos de los criminales contra los que lanza sus airados comentarios y a los que castiga con su “mano firme” son jóvenes menores de edad, pagando condenas que muchas veces igualan su propia edad y que muchas de las mujeres en el centro penitenciario El Buen Pastor, son madres que están cumpliendo una condena por tráfico de drogas.

¿Por qué no están esos jóvenes en las aulas? ¿Por qué esas mujeres se ven obligadas a vender droga para poder costear los gastos de sus familias? ¿Y por qué es tan diferente el país que vemos en los medios y en la vida diaria del país al que la Presidenta se refiere a miles de kilómetros de distancia de Costa Rica?

Puede ser que en realidad, cuando la Presidenta está en el territorio nacional no se encuentra más cerca del país.

El sistema falla, desde hace años solo se nos enseña a “hacernos los maes”, a derivar la culpa y a hacernos las víctimas. Si como sociedad no podemos darle alternativas a jóvenes y madres de familia para que tengan una “vida digna” quiere decir que como sociedad tenemos la culpa, todos y cada uno.

Pero sobre todo las clases gobernantes, que se han hecho con el poder y han guiado el país a su conveniencia y en beneficio de sus negocios personales, tal vez la Presidenta debió centrarse menos en dar lástima y un poquito más en asumir su parte de culpa y proponer alguna forma de solucionar como, según sus propias palabras “la integridad de nuestras instituciones se ve amenazada por la corrupción”Enlace

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