Ley Orgánica del Colegio de Diseñadores y Comunicadores Visuales: entre espada y pared

Parece simple. Los diseñadores/as graduados podríamos estar muy de acuerdo con una ley que defienda precios mínimos de cobro y una regulación real en cuanto a procesos laborales. Sin embargo, la realidad es que no es así de fácil como decir ‘pertenezco al Colegio, por eso puedo cobrar bien’.

En un campo que cada vez crece más, sí es necesario defenderse para poder subsistir, pero ¿de qué o quiénes nos estamos defendiendo? Algunos suben escalones a paso agigantado por el lado académico, pero ¿Realmente esto refleja una buena diseñadora, tipógrafo, animadora, comunicador? Ya sabemos que un mal diseño no mata, pero la verdad es que sí ensucia.

La preocupación más grande en cuanto al proyecto “Ley Orgánica del Colegio de Profesionales en Diseño y Comunicación Visual de Costa Rica” está en las generaciones mayores que no terminaron sus estudios. Aquellos trabajadores que a través de los años han acumulado experiencia que los ha llevado a crear en algunos casos muy buenos trabajos, pero que en otros casos son los que llenan el mercado de diseños sucios.

Para estos preocupados trabajadores que alegan tener una vida que sostener, se tiene el Artículo 25 de la Ley Orgánica del Colegio, el cual dice que un comité de incorporación evaluará la aprobación estas personas para decidir su inclusión o exclusión del Colegio. La preocupación entonces pasa a ser una ‘sospecha’ ante quiénes van a conformar ese comité de incorporación y si les va a repercutir de manera positiva o negativa a estos trabajadores empíricos. ¿Son acaso esas personas las únicas buenas críticas para las postulaciones a entrar al Colegio de Profesionales en Diseño y Comunicación Visual de Costa Rica?

En una refutación del Texto 17932 de la propuesta de ley hecha por Oliver Zúñiga (Dir. Costa Rica Animation Holdings y Pres. Asociación de Animadores de Costa Rica), se habla de la falta de comunicación que hubo con el gremio de los animadores. Zúñiga protesta que ‘el proyecto en múltiples aspectos va en contra de los intereses generales de este gremio y hace conflicto con los valores de libre mercado y competitividad internacional’.

Es muy importante la comunicación de todas/os los interesados contemplados en el proyecto, pero la argumentación del señor Zúñiga puede no ser aceptada por muchos/as. Él mismo se pone la soga al cuello al preguntar en la refutación “¿Quiénes son diseñadores?”. Todos podemos diseñar y todos lo hacemos muchas veces al día, pero no significa que es cualquiera el que puede llevar a cabo un proyecto profesionalmente (si este es ‘bueno o malo’, que se vea en la respuesta del mercado). Y peor aún, está el hecho de comparar a un artista con un diseñador.

El diseño es diseño. Lo que produce un diseñador ciertamente necesita creatividad, a como también la necesita un artista, pero a como dijo Norberto Chávez: ‘En diseño la creatividad es un medio’. Esto no nos posiciona como artistas, a no ser que mezclemos la profesión con otras áreas, pero no podemos utilizar esto de escudo para casos de conveniencia propia. Entonces las preguntas del señor Zúñiga de: ‘¿Cómo cabría un Guido Sáenz, un Jorge Jiménez Deredia o tantos otros grandes artistas nacionales que tanto han contribuido a este país dentro de un proyecto como este?’, se podrían responder: “No cabrían”, porque ellos se quedan exactamente adonde están, en un gremio diferente al de diseñadores.

La Ley Orgánica del Colegio tiene sus pros y sus contras a como lo tiene todo. El balance entre si es negativo o positivo para el gremio nos pone entre la espada y la pared: sabemos que sí existen muchos buenos diseñadores empíricos que sin un título específico de diseñador se desempeñan mejor que muchos que si lo tienen, pero que de la misma manera existen muchos titulados que merecen hacer valer sus 5 años de estudio en la universidad.

El esfuerzo por defender el campo no debería de pasar por encima a los que ya lo desempeñan de manera honrada y con resultados de muy buena calidad en sus trabajos. Se espera que el proyecto sea inclusivo para los/as que lo merecen y que la decisión sea hecha a conciencia por parte de los/as que la toman.

Frenar un proyecto así podría tener consecuencias negativas para muchos/as en el futuro. Balancear sus buenas intenciones y analizar sus defectos para llegar a una Ley que beneficie a la mayoría es lo óptimo, pero será arduo y empedrado el camino de negociación hacia lo que se vea como un acuerdo justo para todos los/as interesados en ella.

1 comentarios:

Luis Fernando Mata dijo...

Apoyo a Oscar y a Gabriela, es necesaria la regulación por lo menos de los precios mínimos. Si ustedes no se han dado cuenta los salarios en Costa Rica, y más en diseño no han subido en 10 años ni qué decir de las tarifas, estas son risibles y no permiten vivir, talvéz a un estudiante le permita tomarse sus cervezas con su novia el fin de semana, pero hablemos más allá de eso, no permite vivir justamente como un profesional, con una buena casa, un buen carro y seguir estudiando. Pienso que no se debe dar pelota a cierto grupo de personas, comerciantes que no les conviene que no se haga un colegio ya que les afecta en sus intereses monetarios de empresa, y son poquitos. Son pocos los que quieren tener o tienen una macroempresa y le sirve la no regulación de precios para tener decenas de juniors y pymes haciéndoles la producción de piezas que venden caras en el exterior a cambio de monedas para los nacionales. Yo digo SI A UN COLEGIO.

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