Pensando el misterio: la Violencia al Volante

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No hablo de la violencia "en nuestras carreteras" de la campaña del MOPT, o quizás sí.

En uno de mis cursos de la U, uno de los módulos es impartido por un profesor holandés. Él se vino para Costa Rica tras conocer a su esposa (tica) en Holanda. Nos contó que siempre la había visto como una persona tranquila hasta que, por primera vez, se sentó en el asiento del pasajero. En muy pocos minutos aprendió muchos de los insultos que usamos en Costa Rica. Le sorprendió que, a pesar de que somos organizados, por ejemplo, para hacer una fila para el bus, en Costa Rica quienes manejan son, por lo general, muy agresivos/as, impacientes e imprudentes.

El pasado 11 de abril cuando volvíamos de visitar a mis abuelos en Quepos por la carretera de Caldera, un tipo de unos 30 años rasguña su espejo retrovisor contra nuestro carro, tras intentar colarse en el embudo que se forma tras los anchísimos peajes que hay en esa angosta pista. A pesar de que tiene la culpa y de que el daño es mínimo, decide hacer un rápido movimiento y atravesar su auto frente al nuestro. Se baja, agrede verbalmente con mucha fuerza a mi padre (quien lo mira sin decir nada), grita que su carro es modelo 2011 recién sacado de la agencia (a pesar de que su placa comienza con 6 y está bastante sucio) y que la culpa la tiene ese "viejo playo". Sigue haciendo berrinches hasta que, por pura casualidad, se acerca un oficial de tránsito a preguntar qué pasó y el hombre se marcha dando un golpe al retrovisor de nuestro auto sin siquiera intentar hacer un parte del asunto. Por supuesto, todos en el carro nos asustamos bastante.

Y bueno, ¿A qué viene todo esto? Es una cuestión de todos los días: desesperación, rompimiento de reglas, diarreas de improperios, bocinas, peleas, violencia... todo para ahorrarse (poniendo mucho, en promedio) 10 minutos para llegar a casa. Y más ahora con las presas de Semana Santa. ¿Es por la cantidad de carros y el tamaño de las carreteras? Lo dudo. Hay países que, sí, tienen carreteras 4 veces más grandes que las de Costa Rica, pero tienen 8 veces más de vehículos. Todos los días se hacen presas, pero no en todos los países la gente pita en cada semáforo que cambia a verde, se baja de su moto para golpear el vidrio de otra conductora, provoca choques por querer adelantar en una presa que va a 10 km/h, profiere improperios cada 50 metros o, en el peor de los casos, saca un arma para herir a la persona con quien chocó.

Ya que estamos en Semana Santa, sería bueno reflexionar: ¿Cuál frustración colectiva existe para que tanta gente se transforme cuando maneja y lo haga como si fuera un video juego? Aparte de reducir la cantidad de carros en las vías, ¿Qué se puede hacer para que esto cambie más allá de una campaña de "dele campo a la cortesía"? (o aplíquela cuando tenga tiempo) ¿Qué provoca esa violencia?

No tengo ningún posible acercamiento a una respuesta a esas preguntas y quisiera no sonar como esas campañas de conciencia colectiva de "hay que comenzar por uno" que logran muy poco. Pero al final, si a mí me preguntan, "¿Por qué no maneja?", si bien en muchas ocasiones quisiera hacerlo y probablemente lo haga, diré que prefiero la probabilidad muy baja de que un día mi bus se vare o sea asaltado, pagar menos, algún día usar el tren y poder dormirme, que batallar contra improperios, imprudencia, desesperación y uno que otro hueco en el asfalto.

|+|: Goofy, viejo pero vigente, ilustra el tema [video]

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Campo corto: Los todólogos de Costa Rica

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Una ministra de Economía que era ministra de Comunicación. Un ministro de la Presidencia que era ministro de Turismo y que, además, tiene recargada la cartera de Deportes, mientras se encuentra "otra opción". Un ministro de Comunicación que era ministro de Planificación. Un presidente ejecutivo del ICE, que era presidente ejecutivo de la CCSS y antes ministro de Educación... Etcétera, etcétera...

"Cerebros" que hacen de todo. Sólo en Costa Rica.

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Tan cerca, tan cerca: Agua Fría de Mar

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Fui a ver Agua Fría de Mar. Éramos unas 10 personas en la sala. Yo iba con mi novia y esperábamos que al salir sintiéramos ganas de aplaudirle a una cinta tica. Y las tuvimos. Muchas ganas. (El comienzo lo vimos dos veces porque a los tipos del cine se les ocurrió poner a rodar la película sin el sonido)

"Explicar" o "describir" esta película en términos de "¿Qué cuenta Agua Fría de Mar?" me es imposible. Así que (por dicha) no puedo hacer las de los críticos de cine que cuando no tienen qué decir cuentan el argumento.

Comenzaré por decir lo más básico: me encantó. Prácticamente cada partícula de la película tiene una dosis de realismo tan pero tan grande que siempre sentía como que la estaba palpando. Las actuaciones, las miradas, las escenas... ¡todo está tan cerca! Confieso que en más de una ocasión mi novia y yo dijimos "¡Eso es así! ¡Así pasa!" y soltamos una risa a causa de ello.

No puedo hablar de una "historia" quizá en buenos términos pero, como dijo Paz Fábrega, ¿Eso qué importa? Muchas veces sentimos que algo que quiere suceder, y lleva mucho tiempo con ganas de pasar, se viene y se viene pero como que nunca llega. Y cuando llega es tan extraño que no lo entendemos y empezamos a suponer la mitad de las cosas que las personas dijeron y qué de toda esta aventura que llamamos vida es verdad. Eso lo transmite Paz en el filme.

Uno lo completa, uno supone, juzga erradamente, se extraña, no comprende, cree que comprende y al final vuelve para continuar. En la vida, a veces creemos (o quisiéramos) que todo podría dar un giro tremendo pero ese giro es chiquitito y solo lo percibimos cuando estamos realmente pendientes sintiendo lo que pasa alrededor. A veces no hay giro y todo sigue igual y se regresa otra vez a lo mismo.

A mí también me tocó el Agua Fría de Mar. A quien no le gustó porque no la entendió, le comprendo. Si digo la verdad, a mí encantó porque es como la vida: a veces entendemos, a veces no y muchas veces creemos que entendemos pero no es así, pero más que nada: porque siempre queremos entender.

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