Las portadas de la Extra y el fantasma de la censura

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Una sanguinolenta portada más del periódico la Extra (que obviamente no reproduciremos aquí) causó -nuevamente- mucho repudio. En esta ocasión el tema fue más allá: se trataba de una "figura nacional", un futbolista, que no era conocido por ningún desmán de antipatía. Le pasó aquí a más gente el entendido "lo conozco" y se provocó una herida profunda a la sensibilidad colectiva. Pero como dato obvio: no es la primera vez de la Extra.

Apareció entonces la discusión, para nada nueva, sobre "la censura" de medios como La Extra, que, para no complicarme diciéndolo, hacen periodismo sensacionalista basura más allá de los límites conocidos. Un grupo de facebook, que crece exponencialmente (no sé si porque no se sabe realmente qué implica su nombre), se hace llamar "Por la censura de la Extra" y ha generado diferentes comentarios en torno al tema.

¿Por dónde va realmente esto? Cuando hablamos de censura, normalmente en lo que se piensa es en la censura previa. Pedir esto, sería entonces incoherente con la libertad de expresión, prensa y discurso que se supone existe en Costa Rica y estaría sencillamente en contra de Derechos Humanos y Constitucionales. Las oficinas de censura, normalmente ejercen con base en "la moral y las buenas costumbres", algo que si bien puede sonarle muy bonito a más de uno, a la larga puede tomar la forma de persecución política, religiosa, etc., pues ahí cabe todo lo que se quiera meter. Nada más peligroso y desfasado que desear realmente esto. 

Así, se levantan las voces que dicen que la mejor forma de hacer que un medio caiga es dejando de comprar lo que producen. El boicot desde el mercado, "si no hay demanda, no hay oferta". Dentro de la lógica del libre mercado, esta fórmula seduce. Pero contrario a lo que se nos ha dicho que provoca la competencia, pareciera que cuando los medios de comunicación comienzan a competir para mejorar sus réditos, en lugar de subir su calidad, la bajan. Creer que realmente el mercado va a hacer que la Extra deje de publicar sus portadas o que va a reducir la cantidad de viejas chingas en la Teja es iluso. En la buena fe, podría representar un arma y se ve muy sencillo, pero en términos reales parece imposible.

Para mí la cuestión de fondo acá es: Si las libertades de expresión y prensa existen para respetar la labor social que tienen los medios para informar de los temas que se deseen desde la perspectiva que se quiera, el valor máximo es aquí entonces esa responsabilidad social de los medios. Es un tema que pasa por la ética, la integridad, el entendimiento del dolor humano y el encaramiento real del rol que poseen esos medios periodísticos dentro de una sociedad como la nuestra. Porque, al fin, pareciera que toda la culpa se la echamos al público: ¿Por qué compran? ¿Por qué consumen? "Son empresas privadas que dependen de usted para existir". Si por el contrario nos preguntamos, "¿Por qué solo producen por vender?", es porque nos estamos dando cuenta de que tal "responsabilidad social" no está siendo, claramente, el valor máximo. ¿Qué hay con la televisión por ejemplo? ¡Son concesiones! Es decir, son del Estado (aunque no pagan un solo peso), se les puede exigir, pero el camino pareciera ser -con otros matices- el mismo: la caída en picada. 

¿Será que realmente no existe una forma más de lograr el cambio que nos merecemos como público que el mercado? ¿Será que no existe un mecanismo, por ejemplo, para que quienes se ven dañados por esas portadas se defiendan? ¿Cómo exigir o, quizá mejor, incentivar mejores contenidos? ¿Todo pasa realmente porque el "público" lo pide?

Es difícil contestar estas preguntas. Pero tendré el atrevimiento de esbozar una leve idea: en este país hay libertad de expresión, sí, pero no hay de lo que yo llamaría igualdad de expresión. No se trata -ni se tratará nunca- de censurar, sino de realmente abrir el espacio para la oferta diferente y de incentivar los contenidos de otro carácter. Muchos se ponen en su boca la opinión de un público que nadie escuchó, pues nunca se han abierto los canales para pensar la comunicación diferente. ¿Quién tiene la responsabilidad de hacer esto? La sociedad en conjunto. Una gran parte será del actor Estado, quizá otra será iniciativa no gubernamental y quizá otra los/as consumidores/as.

Pero es fácil: o nos movemos todos juntos, o nos quedamos estancados.

Fotoreportaje: Arte de Cuero

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Oficios que quieren desaparecer, pero que se agarran con las uñas. La zapatería es uno de ellos. En este fotoreportaje, colaboración de Leonardo Ramírez, exploramos el día a día de las personas tras los pares de zapatos hechos a mano en Grecia, Alajuela.

Vea Arte de Cuero en el facebook de Dame un Campo

Para esos "días del ambiente"

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Mes del ambiente. Festividades, agendas llenas, actividades para decir que el ambiente natural es un bien de la humanidad que se pide prestado a las generaciones posteriores. Alguien por ahí recuerda que las comunidades organizadas y las ONG's ambientalistas son quienes han hecho el mayor aporte para la preservación en Costa Rica. El Gobierno (desde la Presidenta hasta los Alcaldes) pronuncia discursos verdes y de "paz" con la naturaleza.

Pero esta vida está llena de ironías. En estos días supuestamente verdes -y finitos, claro- sabemos de algunas cosas que siguen y otras aparecen como pedidas de regalo. En las últimas, nos damos cuenta de que la firma estadounidense Mallon Oil hará exploración de petróleo y gas natural en la zona norte. Curiosamente similar al caso de Crucitas, el argumento del Ministro de Ambiente es que, en pro de "la seguridad jurídica" de Costa Rica, Mallon Oil tiene el derecho de hacer la exploración, pues pasaron más de 10 años en una "maraña" en tribunales, una lucha dada por la organización Justicia para la Naturaleza. El Ministro también nos dice "no habrá más exploración", pero ¿Cómo creernos esa historia cuando días atrás vemos que se está trabajando para reabrir la Mina Bellavista? ¿Y el discurso de no permitir más minería a cielo abierto por parte de Chinchilla?

Pero, por supuesto, hay más ironías: Recope llevaba dos años sin hacer mucho por un derrame de 441 mil litros en un acuífero, el transporte más limpio va lento (¿Compromisos?), el proyecto de tratamiento de aguas residuales hasta ahora comenzaría (¿ya comenzó?), las piñeras y bananeras van rápido, la tala de bosques va rápido. El TLC con China puede que nos depare más destrucción en nuestros mares de barcos de ese país, no vemos más proyectos de energías provenientes del sol, el viento, la geotermia o la biomasa (se queman hidrocarburos en cierto estadio y se inundan comunidades), muy pocas municipalidades reciclan, se frenó el proyecto (con 170 mil firmas) que declara el Agua un Bien Común -porque podría afectar a la producción energética (?)- y en las playas costarricenses siguen apareciendo Marinas y Hoteles gigantescos-no-ecoturistas de dueños extranjeros.

¿Mes del ambiente? ¿País ejemplo? Nos ponen a enseñar a niños y niñas cómo separar por colores la basura, que cuando sean grandes y tengan dinero -¡ja!- podrán comprar un carro japonés cero emisiones y salvar al mundo. ¿Será eso o discursos de engaño? La protección ambiental ha quedado en el pasado... ¿Hágase fama y échese a dormir? ¡Qué fácil! ¡Despertemos!


+En Radio Reloj: Chinchilla apoya exploración de Gas Natural, pero no de petróleo.

ALTO: Porque los telenoticieros siguen para abajo

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Es cansado seguir. ¿Pero cómo no continuar pidiendo calidad en los noticieros? ¿Cómo no creer que a doña Pilar se le olvidó que el "énfasis en los sucesos" iba a cambiar? ¿No hay otra forma de comunicar a Costa Rica?

Ver una edición completa de noticias en la televisión tica sigue siendo un reto. Se ocupan cualidades especiales: usted no puede ser asqueroso/a, sensible, ni tener ganas de mucha profundidad; requiere de un poco de morbo, tolerancia a las fiestas de blanco/negro y ser fiel al fútbol de Costa Rica (en especial al equipo del canal que está viendo).

Pocas cosas se salvan: algunos -algunos- editoriales de Ignacio y Pilar (que en ocasiones se adjudican omni-potestades), la seriedad de las noticias del 11 y otros casos muy -muy- especiales. Canal 15 no tiene aún un noticiero.

Es sencillo: no es posible seguir viendo tanto estereotipo en cada nota, no es posible seguir alimentando el morbo con tanta sangre, ni que las secciones de noticias sean sucesos, farándula y fútbol. No es posible que cuando hablen del juicio sobre la muerte de Natividad Canda, digan que el hombre fue "devorado"; o que cuando tiembla fuerte haya dos horas de transmisión con preguntas tan relevantes como "¿Cómo lo sintieron ahí?". No es posible que no diferencien un asesinato o un choque de un partido de fútbol. Mucho menos que cuando se reporta sobre la desaparición de un niño, salgan tomas de calzones en el suelo y luego la foto del bebé. No puede ser que se publique una pelea colegial (incluidos videos de Youtube), se entreviste a una adolescente con su identidad "protegida" y luego se entreviste a la madre como si no hubiera gente que los conociera. Tampoco que empeoren un discurso por medio de edición. ¿Es necesario seguir?

¿De qué se trata todo esto? ¿Seguir haciéndole caso a Mr. Rating nada más? ¿Vender, vender, vender? Además, según la economía, ¿No que la competencia hace que la calidad suba?
La disputa por la audiencia, y con ella por la publicidad, nos ha conducido a un panorama de medios en que los accidentes de tránsito y los delitos contra la vida y la propiedad son los principales temas. A contrapelo de la promesa de la economía neoclásica, la competencia de la prensa y la televisión han nivelado hacia abajo. - Carlos Sandoval
Pues bien, yo quiero pedir un alto. ¿Por qué? Porque lo podemos pedir. Porque hay algo que se nos olvidó en alguna parte del camino: las frecuencias de televisión son CONCESIONES. Sí, igual que la carretera a Caldera, el aeropuerto... y de igual manera se les puede tratar. Por muy poco que paguen -y este es otro tema-, quienes están en los canales de televisión no tienen el derecho divino de estar ahí. Se lo adueñaron, sí, pero tenemos el derecho de pedirles calidad, de informar de otra forma, de lograr otro discurso, de mostrar otras historias... Tenemos derecho a otra televisión. Y la queremos.