Por Carlos Sandoval García
La edición de La Nación del pasado domingo 15 de enero me produjo una doble tristeza. Por
una parte, tanto la portada del periódico como la de la "Revista Dominical" encallaron en la
estigmatización de La Carpio, una comunidad en donde laboré junto con otras colegas del
Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica y que puedo decir que
conozco de a pie. Dar cuenta que "Seis pandillas se reparten La Carpio" es, hay que decirlo,
un lugar común que no resiste la prueba empírica.
Sin duda hay delincuencia y criminalidad,
pero es indiscutible que la inmensa mayoría de las personas que efectivamente se reparten La
Carpio son las trabajadoras domésticas, los trabajadores de la construcción y los oficiales de
seguridad del San José que nos gusta y al que aspiramos. Innovador hubiese sido preguntarse
cuántos proyectos tiene el INA en La Carpio, justamente la comunidad más próxima a las
instalaciones centrales de esta institución autónoma. O consultar al Ministerio de Educación
por qué aún hoy no se cuenta con una secundaria en la comunidad.
Por otra parte, la segunda tristeza me la genera leer que con ese reportaje se inaugura una
nueva etapa de "Proa", que vuelve a llamarse "Revista Dominical", el nombre que llevaba
hace algunos años. Me queda la enorme duda de si ese es el mejor modo de inaugurar una
nueva fase de la revista del diario más consolidado de Centroamérica. La combinación del
recurso a la estigmatización de lugares (La Carpio) y actores (pandillas) se complementa con
un anodino reportaje acerca de la soltería. Así, sensacionalismo y frivolidad son los aperitivos
de esta nueva etapa.
Sinceramente, ni La Carpio, ni la ciudadanía ni el mismo periódico La
Nación merecen esto. Con todo respeto, parece haber una evidente carencia de imaginación
periodística para trascender las fórmulas fáciles y los lugares comunes. Respecto al trabajo
publicado en el suplemento "Áncora" del domingo 24 de setiembre del año 2006, bien puede decirse que
mucho camino se ha desandado.
Y aclaro, no escribo asumiendo que de oficio haya que discrepar con La Nación. El lunes 17
Juan Fernando Lara publica un muy buen balance sobre el tráfico de armas, que confirma
que hay un lugar para el periodismo que facilita la comprensión del acontecer. Es decir, no se
trata de la crítica por la crítica. Ello para no mencionar las columnas de Barraza en fútbol, y
de Krugman en economía. Cada una, a su manera, motiva el inicio de la semana.
En buena concisión periodística, "La Nación" estaría para más. No es con referencias
a “otros”: sean estos pandilleros o maripepinos, quienes al tiempo que son rechazados ejercen
atracción, que un periódico grande puede aspirar a ser un gran periódico. Cuando se incide en
la opinión pública, en la conformación de imaginarios sociales y, ciertamente, en las agendas
de otros medios se requiere trascender salidas fáciles. "Proa" era un nombre muy grande para
una revista con una muy pequeña carta de navegación. Sin embargo, esta nueva versión, más
que "Revista Dominical", parece corresponderse a "popa".
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