TV Digital: asuntos ciudadanos

Se podrá ver tele en alta definición (ache-dé).
Se pasaría de un formato casi cuadrado a uno más alargado.
Hay algo sobre japoneses y brasileños.
Usted tiene que comprar un tele digital o una cajita, si no no ve nada.

Para muchas personas que han hablado sobre el cambio de TV analógica a TV digital en Costa Rica, eso podría ser todo. Elementos técnicos y complicados a veces: se verá mejor, 16:9, norma ISDB-Tb, interactividad, más canales, ancho de banda... Y sí: para la mayoría de voces, el "apagón analógico" es una cuestión de consumidores, de cómo deben comprar un aparato para poder ver televisión de ahora en adelante y de las ventajas tecnológicas que este cambio trae. Sin que implique mucha gente informada, al menos en internet se puede encontrar bastante información en este sentido.

Sin embargo... ¿El contenido? Las personas que están frente al televisor no son solo consumidores: son ciudadanos, con derechos. Entre esos, el derecho a la comunicación. Como en muchos otros temas, no es casual que esta parte se omita. Muchos actores tienen interés en que la televisión digital se vea como un tema únicamente de negocio. Son los mismos a quienes no les interesa que la legislación cambie en su contra, seguir lucrando a partir de la falta de regulación, la venta de basura audiovisual y en ocasiones a partir de la desinformación.

Desentrañemos un poco el asunto. Habrá más canales, más interactividad... pero, ¿Y si los canales presentan la misma o peor oferta que la actual? ¿Si nos recetan más "formatos", reality shows, sangre, toros, novelas mexicanas y colombianas? Pues bien, este momento es el más óptimo para tener un debate de fondo (que se ha omitido por añales) sobre la calidad, los contenidos, el uso y fines que se le da a las frecuencias del espectro radioeléctrico en Costa Rica.

Este es el momento para hacernos preguntas como: ¿Por qué las televisoras comerciales pagan solo 3 mil colones al año por el uso de una frecuencia que es una concesión del Estado? ¿Por qué hay tantos contenidos importados de baja calidad? ¿Por qué no se definen claramente televisoras comerciales, públicas y comunitarias? Entre otras. Pero lo más importante: ¿Qué modelo de televisión queremos? ¿Una que se rija solo bajo el imperio del mercado y el rating? ¿O una inclusiva, participativa, plural, que le dé espacio a las diferentes voces que hay en el país y que no solo "entretenga"?

Personalmente yo prefiero la última opción. Costará convencer a muchas personas de que se pueden exigir contenidos distintos en la televisión y que el "perillazo" y el mercado no son la única solución. Sin duda, la discusión tiene un alto componente político y es por ello que el tema se dificulta. Pero también hay que evidenciar que es un tema de altos intereses económicos y que no se puede abordar tan inocentemente. La comunicación es un derecho. La televisión puede cambiar.

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