Pegados a la silla (o a la teta)

El cantón de Pérez Zeledón se ha convertido en los últimos días en ejemplo de hasta qué llegar para hacer respetar la voluntad del pueblo. Mediante plebiscito, el 81% de votantes decidieron sacar a Luis Mendieta, su (todavía) alcalde. Sin embargo, este ha hecho todo para evitar irse, sin importarle cuánta oposición encuentre, ni cuánto se le pueda demostrar la ineficiencia de su gestión. Él, con descaro, dice que esas no son "razones suficientes" para su despido. Por dicha, tras el recurso que éste impulsó, la Sala IV le dejó la papa en la mano al TSE, que recién le destituyó.

Pero la cuestión no es solo sobre Pérez Zeledón y Luis Mendieta. Es sobre los políticos o funcionarias que son más difíciles de zafar de su silla que dos piezas planas de Lego. De Mendieta algunos podrán decir que fue elección popular, que así eligieron, que algo se podría haber hecho antes, hablar de maquinaria electoral, etc. Ahora, en este caso, hubo un plebiscito que ahora hace la diferencia pero, ¿Qué hacemos, por ejemplo, con los jerarcas que ni a fuerza de un escándalo se van? El más reciente caso es el de Francisco Jiménez, quien ni por el bochinche que se armó ahora con las 215 armas parece tener ganas de "espantar la chancha". 

Los/as ministros/as que estudian todología (aspirantes a Eduardo Doryan) pueden ir de silla en silla de los ministerios más variopintos, haciendo gestiones de risa y, aún así, de ahí nadie los saca. Nadie asume responsabilidades de nada, abunda la mala memoria y se hace ley el que un escándalo aquí no dure más de 3 días. Pero hay algo peor: si quienes se exponen al alboroto en la prensa se comportan así, ¿Cómo irá la cosa con los mandos medios? Imaginamos (porque no sabemos) que por eso hay tantas platas que "se pierden". Hace falta cortar de una vez por todas la línea de favores políticos, pero no todo puede pasar por la Sala IV, el control político en la Asamblea o porque a la Inédita Presidenta se le ocurra mover un dedo. Tampoco todo puede depender de que se arme un burumbún en la prensa para exigir cambios.

¿Cómo hacerlo entonces? Habrá que pensarlo. Por ahora, Pérez Zeledón da un nuevo ejemplo de como, al menos, "socarse la faja local".

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